Biofilia: el efecto terape√ļtico de la Naturaleza

9 de julio de 2018

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El contacto con la naturaleza no es solo una manera de relajarse. Cuidar nuestros lazos con la red de la vida es garantía de salud y de mayor bienestar.

Que estar¬†rodeado de naturaleza¬†es bueno para la salud forma parte de la sabidur√≠a popular, del sentido com√ļn. Es algo obvio. Sin embargo, los m√©dicos no recomiendan paseos por la monta√Īa, no preguntan qu√© vistas tenemos desde nuestras casas y la seguridad social no nos va a pagar una estancia en una casa de reposo en el campo.

Debieran hacerlo si tuvieran en cuenta los estudios científicos que prueban la profundidad de los efectos que los entornos naturales ejercen sobre el organismo. En muchos casos son más eficaces que las pastillas.

Clemens G. Arvey, bot√°nico y escritor, explica en su libro¬†El efecto biofilia¬†(Ed. Urano) c√≥mo la naturaleza act√ļa de manera terap√©utica. El¬†concepto ¬ębiofilia¬Ľfue acu√Īado por el gran bi√≥logo Edward O. Wilson para referirse a la afinidad innata que la humanidad siente por los seres vivos.

Arvey va un paso m√°s all√° y llama la atenci√≥n sobre la¬†acci√≥n positiva de la naturaleza¬†sobre la salud. ¬ęEs un hecho demostrado cient√≠ficamente: la naturaleza es la mejor terapia y tambi√©n una excelente psicoterapeuta¬Ľ, afirma.

La medicina natural recurre desde hace miles de a√Īos a las¬†plantas medicinales, a los alimentos o al agua como¬†elementos terap√©uticos, pero para que el efecto biofilia se produzca no hace falta nada m√°s que abandonar el cemento y el asfalto para rodearse de plantas, animales y tierra, respirar, andar y dejar que la mente vague.

Biofilia, un efecto probado

Roger Ulrich, profesor de arquitectura y ciencias de la salud en la Universidad Técnica Chalmers, en Suecia, ha demostrado que el mero hecho de mirar el verde de los árboles a través de la ventana de un hospital acelera la recuperación tras una operación.

Sus estudios cumplen con todos los requisitos científicos y han demostrado que con la ayuda de un poco de verde son necesarios menos analgésicos y disminuye el riesgo de complicaciones posoperatorias.

Como la medicina oficial no asimila estos hallazgos con la misma urgencia que los estudios pagados por la industria farmacéutica, la mayoría de nuevos hospitales todavía se construye sin jardines. Incluso están prohibidas las plantas en las habitaciones.

Pero s√≠ se puede llevar a los enfermos¬†plantas artificiales, fotos y documentales, pues, seg√ļn Ulrich, incluso las reproducciones de seres vivos producen alg√ļn beneficio.

Tarde o temprano la medicina incorporar√° la¬†¬ęterapia de naturaleza¬Ľ¬†a sus protocolos. En Jap√≥n ya existe a nivel acad√©mico y cl√≠nico una disciplina llamada Medicina del Bosque.

El doctor Qing Li, uno de los expertos más reconocidos, ha probado que el aire del bosque reduce de forma duradera la secreción de cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés relacionadas con trastornos inmunitarios y metabólicos.

La medicina también está en el aire

Nuestro organismo no es una isla, está en relación profunda con el entorno.

El sistema inmunitario es sensorial y se encuentra en intercambio permanente con los sistemas nervioso y hormonal, y además con el ambiente. De todas estas relaciones depende en buena medida la salud.

El sistema inmunitario, por ejemplo, es sensible a la acción de los terpenos emitidos por las plantas para protegerse y también para comunicarse entre sí.

Los bosques, los ecosistemas, son comunidades inteligentes y de una complejidad maravillosa donde el flujo de terpenos constituye un medio de comunicación, un lenguaje. Los árboles lo utilizan, por ejemplo, para avisarse de posibles amenazas.

Sirven además para comunicarse con otras especies y también con nuestros sistemas inmunitario, nervioso y endocrino.

En los bosques el aire está repleto de estos compuestos volátiles anticancerígenos que fortalecen el sistema inmunitario y cuyo efecto sobre el organismo a medio y largo plazo es mucho mayor de lo que se había podido especial salud imaginar.

Los investigadores japoneses aportan pruebas de que en las zonas boscosas mueren menos personas de cáncer. Respirar en un bosque es como tomar un elixir curativo, aseguran.

La naturaleza alivia los dolores¬†y nos ayuda a sanar m√°s deprisa. Durante un paseo o, mejor a√ļn, una estancia en la naturaleza, el estr√©s, la sensaci√≥n de dolor y las preocupaciones se reducen radicalmente.

La relajaci√≥n permite la¬†regeneraci√≥n del organismo. La necesidad de analg√©sicos disminuye, la recuperaci√≥n completa se produce m√°s r√°pidamente y son menos probables las complicaciones, seg√ļn los estudios de Ulrich.

La profundidad de las¬†interacciones¬†entre el organismo humano y los entornos naturales apenas se est√° empezando a conocer. Consiguen, por ejemplo, que aumente la DHEA, un precursor de las hormonas sexuales masculinas y femeninas que protege el coraz√≥n, previene la diabetes y reduce el riesgo de obesidad, seg√ļn Qing Li.

Estar en contacto con la naturaleza es bueno para el corazón y la cabeza

La naturaleza es una gran cardióloga. Investigadores coreanos y japoneses han probado que las excursiones por el bosque reducen la presión sanguínea y la frecuencia cardiaca. Estos científicos comprobaron que los terpenos liberados por los cedros son especialmente eficaces para bajar la tensión arterial.

Además de la acción química directa, se da una influencia a través de la percepción. El cerebro posee estructuras que interpretan continuamente, de manera inconsciente y autónoma, lo que sucede en nuestro entorno.

Para nuestro cerebro no es lo mismo caminar por un prado florido que hacerlo por el centro de una ciudad. El cerebro valora el entorno y da órdenes muy diferentes al organismo que pueden favorecer la aparición de enfermedades o la recuperación.

La reacci√≥n del organismo ocurre al margen de los gustos personales civilizados. Hasta la persona m√°s urbanita conserva una¬†conexi√≥n neurobiol√≥gica con la naturaleza¬†que es el resultado de millones de a√Īos de evoluci√≥n.

Este vínculo es comparable al de un bebé con su madre. La naturaleza es la madre de nuestra especie y en su cercanía nos sentimos acogidos; lejos de ella estamos desamparados. Un bebé puede morir sin el contacto físico de la madre. Los adultos enfermamos cuando se debilitan los vínculos con el entorno natural.

Las personas m√°s¬†adictas a la tecnolog√≠a¬†no saben cu√°nto depende su bienestar de las plantas, los animales y la tierra. Roger Ulrich afirma que ¬ęlos seres humanos muestran una tendencia innata a mostrar reacciones positivas y duraderas en la naturaleza, mientras que no ocurre as√≠ en un entorno urbano y moderno¬Ľ.

En el cerebro est√°n grabadas las im√°genes inconscientes de los entornos naturales que se adaptan a las preferencias de la especie humana y a sus posibilidades de supervivencia. Esos entornos producen ‚Äďsin que seamos conscientes de ello‚Ästemociones positivas¬†y bienestar f√≠sico.

El lugar donde se encuentran grabadas estas imágenes es el tronco encefálico y el cerebelo, el llamado cerebro reptiliano, y el sistema límbico que lo rodea.

El tronco no es m√°s grande que el pulgar, pero regula funciones corporales como el latido cardiaco, la presi√≥n sangu√≠nea, la respiraci√≥n, los ciclos de sue√Īo y vigilia o la secreci√≥n de hormonas como la¬†serotonina, esencial en el control del estado de √°nimo.

El sistema límbico ordena cuándo podemos relajarnos o cuándo debemos estar en alerta.

Un entorno hostil produce desequilibrio

El ruido, el tráfico, la mala cara de un jefe, las superficies rectas, duras y afiladas o el exceso de estímulos nos ponen en tensión. Nos sentimos ansiosos, cansados y bloqueados.

Cuando esta situaci√≥n se mantiene aparecen¬†problemas de concentraci√≥n,insomnio, depresi√≥n, p√°nico, disfunciones digestivas e infecciones. Estos factores desempe√Īan tambi√©n cierto papel en el origen del c√°ncer. Activar el modo relajaci√≥n.

Ulrich, junto con otros expertos, ha desarrollado la¬†Aesthetic-Affective-Theory, es decir, la ¬ęteor√≠a est√©ticoafectiva¬Ľ. Seg√ļn esta tesis, existen determinadas¬†percepciones sensoriales¬†que nos dicen ¬ęrel√°jate¬Ľ, aunque no seamos conscientes de ello.

Es lo que ocurre en un medio natural acogedor. El canto de los pájaros no lo sentimos como una amenaza y nos relaja. Lo mismo puede decirse del murmullo de un arroyo o un arbusto lleno de bayas. Sentimos que están cerca el alimento y el agua que traen la vida.

Las flores también nos encantan porque se relacionan con frutos deliciosos (y con el amor, pues responden a la necesidad de reproducirse de la planta).

A la gran mayor√≠a de personas¬†le sienta bien estar en determinado tipo de paisaje. En √©l hay √°rboles que para nuestros antepasados eran un emplazamiento seguro para dormir y comer. Tambi√©n hay un arroyo, un r√≠o tranquilo, un lago de aguas cristalinas o una peque√Īa cascada. Hay numerosos olores que nos tranquilizan.

Son estímulos visuales, ruidos y aromas que crean las bases neurobiológicas para sentirnos bien. Los espacios con estas características nos parecen paradisiacos. Nos recuerdan a la sabana africana, el hogar de los primeros seres humanos.

Los parques urbanos los recrean y consiguen un efecto similar sobre nuestro organismo.

Encontrar un lugar seguro

El matrimonio de psic√≥logos Rachel y Stephan Kaplan, profesores de psicolog√≠a ambiental en la Universidad de Michigan, subraya la¬†necesidad de naturaleza¬†del ser humano, pero tambi√©n de encontrar un lugar donde sentirse seguro, un cobijo que ellos denominan¬†shed¬†o caba√Īa.

En este contexto, las¬†casas en pleno bosque¬†se convierten en lugares donde restablecerse por completo. El medio natural apoya el sistema nervioso parasimp√°tico al servicio del restablecimiento f√≠sico y mental. La estancia regular en la naturaleza ayuda a vencer el insomnio, la ansiedad, la depresi√≥n, el s√≠ndrome de ¬ęestar quemado¬Ľ y la falta de perspectivas…

Por eso Clemens G. Arvay afirma que¬†¬ę¬°no existe mejor psic√≥logo que la naturaleza!¬Ľ

Autor: Ovidio Otxoa
Extraído de www.cuerpomente.com

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