El biólogo que asegura que los árboles hablan un idioma que podemos aprender

20 de noviembre de 2018

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David George Haskell describe en su nueva obra no solo a las plantas como individuos, sino también sus conexiones con las redes biológicas que los rodean

David George Haskell¬†es un observador paciente. En el transcurso de un a√Īo estuvo examinando un √ļnico metro cuadrado de un bosque de Sewanee, en Tennessee, donde ense√Īa Biolog√≠a y Estudios Ambientales. Aquellas observaciones, a medio camino entre el diario √≠ntimo y la divulgaci√≥n cient√≠fica, fueron el germen de su primer libro, ‘En un metro de bosque’, que fue finalista del premio Pulitzer de 2013. Ahora Haskell utiliza sus dotes de an√°lisis y percepci√≥n para describir en su nueva obra ‘Las canciones de los √°rboles’ (Ed. Turner) no solo a los √°rboles como individuos, sino tambi√©n sus conexiones con las¬†redes biol√≥gicas que los rodean¬†y los sonidos que surgen de estas interacciones.

Desde un escarabajo masticando el interior de un √°rbol muerto hasta las olas que ba√Īan las ra√≠ces de una palmera, la¬†naturaleza¬†habla constantemente, por encima o bajo tierra, utilizando¬†sonidos, olores, se√Īales y vibraciones. Son redes conectadas con todo ser viviente, incluido el ser humano (es decir, contigo). ¬ŅNo te convence? En efecto, la idea de que podamos percibir y entender las interacciones de la naturaleza se topa con cierto escepticismo por parte del ciudadano medio.

El mundo bajo tierra imita las redes neuronales y sociales del ser humano. Hay mucha cooperación entre especies y no tanta competencia.

Ciertamente, un paseo por el parque se aprecia de forma diferente si te imaginas a las plantas comunic√°ndose a tu alrededor. No obstante, cada vez son m√°s los cient√≠ficos (y¬†estudios¬†como el de la Universidad de Columbia Brit√°nica) que, como Haskell, abogan por la importancia de¬†saber escuchar: ‚ÄúNo existe el individuo dentro de la biolog√≠a. La unidad fundamental de la vida es la interconexi√≥n y la relaci√≥n. Sin ellas, la vida termina‚ÄĚ.

El bi√≥logo ense√Ī√≥¬†ornitolog√≠a¬†durante a√Īos a sus alumnos. Les desafiaba a identificar a m√°s de 100 aves seg√ļn sus sonidos vocales. Pronto, llev√≥ su particular prueba al mundo vegetal: ‚Äú¬ŅSois capaces de¬†distinguir un roble de un arce¬†solo por su sonido?‚ÄĚ. En cada clase les hace salir al campo para cosechar sonidos. ‚ÄúEs una experiencia casi meditativa. A partir de eso, te das cuenta de que los √°rboles¬†suenan de manera diferente. Nuestros o√≠dos pueden escuchar e identificar sin ayuda c√≥mo las hojas verdes de un arce entran en el oto√Īo‚ÄĚ, se√Īala en una entrevista de ‘The Atlantic’.

El lenguaje de las plantas no es ni mucho menos un concepto de Haskell, sino que es una clara referencia a los estudios de la profesora de Ecolog√≠a Forestal¬†Suzanne Simard, quien salt√≥ a la fama gracias a una charla TED de 2016 titulada ‘C√≥mo los √°rboles se comunican entre s√≠’. Su investigaci√≥n demuestra que debajo de la tierra hay vastas redes de ra√≠ces y hongos que mueven el agua, el carbono y los nutrientes entre los √°rboles de todas las especies, como si fuese un solo organismo. Estas redes simbi√≥ticas imitan las¬†neuronales y sociales¬†del ser humano. Y, al contrario de lo que uno podr√≠a pensar, hay mucha¬†cooperaci√≥n¬†entre especies y no tanta competencia.

¬ŅPuedes distinguir un roble de un arce?

Haskell ha llevado este mismo concepto a sus clases y de la misma forma que los ornit√≥logos reconocen a las aves seg√ļn su sonido, el bi√≥logo ha ense√Īado a sus alumnos a identificar a los √°rboles. ‚ÄúLa voz m√°s obvia es¬†cuando el viento sopla a trav√©s de un √°rbol, vibrando y sacudiendo el aire a medida que pasa a trav√©s de sus ramas y las hojas. Cada uno tiene su propia arquitectura. Cada hoja su propio grado de rigidez, flexibilidad y forma‚ÄĚ. Y no solo eso, sino que pueden adentrarse en un mundo en el que las plantas tienen amigos, vecinos y familiares, se sienten solas, gritan de dolor y se comunican a trav√©s de una red global que ahora el bi√≥logo describe en su nuevo libro, ‘Las canciones de los √°rboles’.

No existe el individuo dentro de la biología. La unidad fundamental es la relación y la interacción. Sin ellas, la vida termina.

Como si fuesen personajes de una novela, cada uno de los 12 capítulos está dedicado a un árbol, cada uno con sus propios sonidos e historias que contar. La primera de estas paradas lleva al lector a la selva amazónica de Ecuador y, en concreto, al ceibo gigante. Para la gente de allí, del pueblo de los huaroani, la idea de la comunicación entre seres vivos, sean plantas o no, parece obvia. Ellos conocen al ceibo como el árbol de la vida y hablan de él como si se tratase de una persona que piensa y respira, y tiene un pasado (recuerdos), un presente y un futuro.

Sin duda, esta manera de abordar la naturaleza ha abierto los ojos de Haskell, cuyas investigaciones se sustentan tambi√©n en el trabajo anterior del alem√°n¬†Peter Wohlleben, que el a√Īo pasado public√≥ ‘La vida secreta de los √°rboles’ sobre las relaciones de cooperaci√≥n y convivencia de los organismos vegetales. ¬ęLo que m√°s me ha sorprendido es su sociabilidad. Un d√≠a d√≠ con un tronco viejo de 400 o 500 a√Īos que, aunque sin hojas verdes, segu√≠a vivo. La √ļnica explicaci√≥n era que¬†estaba siendo apoyado por los √°rboles vecinos. Como ingeniero forestal, aprend√≠ que son competidores y que luchan entre s√≠ por la luz y el espacio. All√≠ v√≠ todo lo contrario: est√°n muy interesados en mantener vivos a los miembros de la comunidad¬Ľ, confes√≥ en una entrevista a ‘The Guardian’.

Este y otros muchos descubrimientos invitan a escuchar, asistir y reflexionar sobre todo lo que nos rodea. En palabras del bi√≥logo Haskell: ‚ÄúSal fuera. No vayas a un lugar especial, vale con que salgas tu barrio.¬†Abre tus o√≠dos¬†y percibe los sonidos de tu alrededor‚ÄĚ.

Autor: Miguel Sola
Extraído de www.elconfidencial.com

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