Menos juego libre, más depresión y ansiedad infantil

27 de agosto de 2018

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Limitar el juego en libertad provoca m√°s depresi√≥n y ansiedad en los ni√Īos

Los expertos relacionan el aumento de psicopatologías en menores con la falta de autonomía para explorar y ejercer el autocontrol

Si usted es de los que alza a su hijo para que suba a las barras de equilibrio o a un √°rbol, de los que le advierte constantemente que se va a caer del tobog√°n, o de los que interviene cuando discute con otros ni√Īos por un juguete o por qui√©n ha ganado, sepa que le est√° haciendo un flaco favor, que est√° comprometiendo su¬†desarrollo psicol√≥gico.

Cada vez son m√°s los¬†psic√≥logos, m√©dicos y pedagogos¬†quevinculan el declive del juego¬†libre, espont√°neo y sin supervisi√≥n de adultos¬†con¬†el¬†aumento de las enfermedades mentales infantiles, en especial de la¬†depresi√≥n¬†y la¬†ansiedad. ¬ŅPor qu√©?

‚ÄúPorque el decidir libremente con qui√©n, d√≥nde, cu√°ndo y a qu√© jugar permite la adquisici√≥n de habilidades y destrezas, obliga a aceptar, negociar, pactar, tomar decisiones, resolver conflictos, ensayar, equivocarse, asumir riesgos, sobrepasar l√≠mites, y eso mejora la¬†confianza¬†y la¬†resilencia, es decir, la capacidad de sobreponerse de manera optimista a las adversidades‚ÄĚ, responde Jaume Bantul√†, director del grado en Actividad F√≠sica y Deporte en Blanquerna-URL y miembro del Observatorio del Juego Infantil.

‚ÄúDecidir con qui√©n, d√≥nde, cu√°ndo y a qu√© jugar obliga a negociar, pactar, tomar decisiones, asumir riesgos… Y eso mejora la confianza y la resilencia‚ÄĚ

Pero hoy padres y madres supervisan las actividades¬†de los ni√Īos a escasa distancia y vigilan sus movimientos, sobreprotegi√©ndolos y priv√°ndolos de gran parte de esos aprendizajes. Y cuando no est√°n bajo la mirada de los padres est√°n bajo la supervisi√≥n de un maestro, un familiar o un monitor que dirige sus actividades, siempre controlado por un adulto que organiza y gestiona su ocio. El resultado es una notable falta de libertad para jugar y explorar por ellos mismos, para desarrollar intereses propios, para aprender a resolver sus problemas, c√≥mo controlar su vida y, sobre todo, sus emociones.

‚ÄúEl juego es el instrumento que tienen los ni√Īos para interpretar la realidad, para entender c√≥mo funciona la vida y para explicarlo todo, y si se pauta, codifica y vigila mucho, si les decimos qu√© han de hacer en cada momento, se les quitan herramientas para que luego puedan inventar respuestas con sus propios recursos a las situaciones vitales que se le presenten‚ÄĚ, cosa que tiene relaci√≥n directa con la depresi√≥n y la ansiedad, explica Jos√© Ram√≥n Ubieto, profesor de Psicolog√≠a de la UOC.

‚ÄúLa mejor forma de arruinar el juego infantil es supervisar, halagar o intervenir‚ÄĚ

M√°s categ√≥rico se muestra, si cabe, el neuropsic√≥logo √Ālvaro Bilbao, autor de¬†El cerebro del ni√Īo explicado a los padres¬†(Plataforma Editorial): ‚ÄúNo es que el juego influya en el desarrollo psicol√≥gico sino que es una necesidad psicol√≥gica; y cuando los padres nos entrometemos y les advertimos, cuando les decimos hasta c√≥mo se tienen que sentir, se les quita confianza, y un ni√Īo con menos confianza se siente m√°s inseguro, m√°s vulnerable, y tiene m√°s riesgo de caer en depresi√≥n‚ÄĚ. Subraya que, por el contrario, los ni√Īos que juegan solos son m√°s capaces de negociar, de resolver problemas pr√°cticos y conflictos, se sienten m√°s competentes para hacerlo, se saben capaces, y eso les proporciona confianza y redunda en su autoestima. ‚ÄúAl ni√Īo que le llevamos siempre a actividades programadas, al que sobreprotegemos y alertamos continuamente de los riesgos, le damos un mensaje de que no confiamos en √©l, que hay que vigilarle, y eso afecta a la autoestima‚ÄĚ, enfatiza Bilbao.

El psic√≥logo Peter Gray, dedicado a la investigaci√≥n de las formas en las cuales los ni√Īos aprenden de forma natural y en el valor del juego, sostiene en sus art√≠culos que¬†la mejor forma de arruinar el juego infantil es ‚Äúsupervisar, halagar, intervenir‚ÄĚ. Gray ha documentado y descrito una conexi√≥n causal entre el declive del juego libre y el aumento de patolog√≠as psicol√≥gicas en los j√≥venes estadounidenses durante las √ļltimas d√©cadas. ‚ÄúEn ausencia de juego libre con iguales, los ni√Īos no pueden adquirir las habilidades sociales y emocionales que son esenciales para una vida y un desarrollo psicol√≥gico sanos‚ÄĚ, argumenta.

‚ÄúSi de ni√Īos siempre dependen de los maestros o de sus padres, en la vida adulta van a tener problemas para resolver sus dificultades porque no los tendr√°n a mano‚ÄĚ, coincide Katia Hueso, cofundadora de¬†Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes, la primera escuela infantil al aire libre que se cre√≥ en Espa√Īa, y autora de¬†Somos Naturaleza. Un viaje a nuestra esencia¬†(Plataforma Editorial).

Hueso explica que cuando los ni√Īos tienen libertad a la hora de jugar,¬†el juego¬†en s√≠ dura poco porque pasan la mayor parte del tiempo pens√°ndolo, consensuando qu√© van a hacer, con qu√© y c√≥mo, de modo que¬†trabajan¬†la creatividad, la imaginaci√≥n y la fantas√≠a adem√°s de las habilidades sociales.

Causas diversas

La superprotecci√≥n de los padres, la vida en las ciudades, el urbanismo, los horarios laborales y las pol√≠ticas infantiles limitan que los ni√Īos jueguen solos en la calle

Y remarca que si adem√°s de jugar con libertad lo hacen al aire libre, la combinaci√≥n resulta a√ļn m√°s poderosa y beneficiosa para su salud mental, porque tienen m√°s espacio, m√°s materiales con los que jugar, aparecen m√°s imprevistos a los que adaptarse y mayor sensaci√≥n de libertad y serenidad. ‚ÄúSi el ni√Īo sale a jugar al campo y lo encuentra encharcado tendr√° que jugar con el charco y no con el suelo, y eso significa gestionar los cambios, adaptarse y hacer cintura, que son cosas que vienen muy bien en la vida adulta para sobrellevar las cuestiones que no podemos controlar‚ÄĚ, ejemplifica Hueso.

Pero el declive del juego libre¬†no es s√≥lo consecuencia de la superprotecci√≥n de los padres. La tendencia a¬†vivir en ciudades o grandes n√ļcleos urbanos, el aumento del tr√°fico, los h√°bitos de vida, los extensos horarios laborales e incluso el tipo de urbanismo y las pol√≠ticas infantiles¬†desarrolladas durante d√©cadas tambi√©n han limitado el juego infantil. En las ciudades, los ni√Īos y sus juegos han desaparecido de las calles; fuera de los parques infantiles y las zonas de recreo, molestan. ‚ÄúY a menudo esos espacios de juego p√ļblico se caracterizan por su seguridad pero no invitan al juego espont√°neo y creativo, y en ellos padres y madres supervisan las actividades a escasa distancia‚ÄĚ, apunta Bantul√†.

A este respecto, Petra M. P√©rez ‚Äďcatedr√°tica em√©rita de Teor√≠a y Antropolog√≠a de la Educaci√≥n de la Universidad de Valencia‚Äď enfatiza que ‚Äúcuando jugabas en la calle libremente con otros ni√Īos y ni√Īas aprend√≠as de forma natural a superar la frustraci√≥n sin derivarla en agresividad ‚Äďpor ejemplo cuando corr√≠as poco y no te quer√≠an para jugar al rescate‚Äď, a dilatar la gratificaci√≥n ‚Äďno pod√≠as saltar a la comba hasta que te tocaba‚Äď, a relacionarte con otros sin que se plieguen a tus caprichos, a autocontrolarte y a asumir las consecuencia de lo que haces o decides‚ÄĚ.

Aprender a manejar riesgos

Por ventajas que tenga el juego sin supervisi√≥n al aire libre hoy resulta inimaginable dejar que los ni√Īos salgan solos a la calle para jugar con amigos. Las ciudades no son demasiado amables, es dif√≠cil encontrar lugares donde los ni√Īos puedan apartarse y explorar tranquilos y sin que los padres teman por atropellos, robos o secuestros. Pero sin descuidarlos, se les puede dejar ‚Äúsolos‚ÄĚ por la v√≠a de no intervenir cuando se les acompa√Īa al parque o a la plaza. ‚ÄúEs importante que desde peque√Īitos no interrumpamos el juego de los ni√Īos, dejarles a su aire, no interferir cuando interaccionan con otros beb√©s en el arenero ni ayudarles a trepar al tobog√°n… Hay que darles espacio y tiempo,¬†quedarnos fuera del recinto y no intervenir en sus disputas¬†salvo que haya¬†agresiones f√≠sicas o abuso¬†porque el conflicto se plantee con un ni√Īo mucho m√°s mayor‚ÄĚ, explica √Ālvaro Bilbao.

La seguridad

Se les puede dejar ‚Äúsolos‚ÄĚ por la v√≠a de apartarse y no intervenir cuando se les acompa√Īa al parque o a la plaza

Katia Hueso cree que la intervenci√≥n de los padres cuando acompa√Īan a los ni√Īos al parque debe limitarse a dar pautas del tipo ‚Äúde esta plaza no puedes salir‚ÄĚ o ‚Äúde aquel √°rbol no puedes pasar porque no te veo‚ÄĚ, y dentro de esos m√°rgenes ofrecerles juego libre, confiar en ellos, ‚Äúporque cuando les¬†das confianza¬†suelen respetar los l√≠mites‚ÄĚ. A√Īade que cuando se les permite manejarse solos, los ni√Īos adquieren¬†mayor capacidad para valorar el riesgo. ‚ÄúEl ni√Īo al que se a√ļpa al tobog√°n no sabe valorar sus posibilidades, pero el que lo hace por s√≠ mismo s√≠ sabe de qu√© es capaz, as√≠ que se mete en menos l√≠os‚ÄĚ, comenta .

Bilbao explica que hay estudios que constatan que en los parques de aventura donde hay elementos peligrosos (cuerdas, botellas, serruchos, clavos…) y los adultos tienen vetada la entrada hay menos accidentes que en los parques convencionales donde los padres est√°n constantemente diciendo ‚Äúcuidado con eso‚ÄĚ o ‚Äúno te subas ah√≠‚ÄĚ.

Hueso subraya que cuando los adultos dejan espacio y no intervienen dan al ni√Īo no solo la oportunidad de explorar jugando, sino tambi√©n de aburrirse, de frustrarse, de examinar sus ideas o de alejarse a un rinc√≥n para estar solo, ‚Äúcosas muy importantes para la salud mental‚ÄĚ. A modo de ejemplo comenta que si un ni√Īo quiere subirse a un √°rbol y no lo consigue, es mejor acompa√Īarle en la¬†frustraci√≥n¬†que empujarle para que suba. ‚ÄúSi le subes, su satisfacci√≥n ser√° muy ef√≠mera; en cambio si le acompa√Īas en la frustraci√≥n y le dejas gestionar la impaciencia, la satisfacci√≥n que sentir√° al subir a la tercera intentona s√≠ que la recordar√° y le servir√° en el futuro‚ÄĚ, dice.

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Autor: Mayte Rius

Extraído de www.lavanguardia.com

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